Lost Celtic Tiger: ¿qué ha ocurrido en Irlanda?

inspiringcitiesDurante los años 80 Irlanda era uno de los llamados países pobres, entendido dentro del área europea; carecía de infraestructura industrial, y estaba sumergido en una larga y compleja crisis. Una alta deuda pública resultado de la financiación de un sangrante estado del bienestar, una abultada inflación y elevados tipos de interés no hacían sino complicar un futuro ya de por sí poco halagüeño. Y de ese escenario tan poco prometedor surgió lo que se dio a conocer como el “Celtic Tiger“, el milagro económico irlandés.

¿Cómo se consiguió cambiar los presupuestos nefastos que acompañaban las promesas económicas de un pequeño país enclaustrado en el norte de Europa?

A un recorte general del gasto público se unió un profundo trabajo de diálogo con los sindicatos para mantener salarios bajos, reduciendo así el déficit y aumentando al mismo tiempo la competitividad, todo ello incluido en un plan a largo plazo de rebaja de la inflación y los tipos de interés. De este modo se generó una inesperada zona de atracción para la llegada de numerosas multinacionales, seducidas por una combinación de reducción impuestos, bajos costes, y una más que aceptable preparación educativa. Entre 1990 y 2007 la tasa de crecimiento superó el 6%, un despegue espectacular del que fue testigo Europa entera, y que granjeó halagos en todos los rincones del mundo.

Sin embargo, la inesperada bonanza estaba sombreada por el crecimiento paralelo de una burbuja económica. El euro, los bajos tipos de interés y el crecimiento desmedido trajo a manos irlandesas una capacidad adquisitiva hasta entonces nunca experimentada en un país históricamente pobre. El dinero, o más bien su gasto desmedido sin tener en cuenta ningún margen de ahorro, generó una burbuja inmobiliaria y crediticia: el sector de la construcción llegó a suponer 1/5 parte del empleo y hasta el 15% del PIB. Los ingresos fiscales de dicho sector permitieron al sector público incrementar sus salarios por encima de sus posibilidades, los irlandeses empezaron a adquirir, por primera vez en la historia, de forma generalizada, segundas y terceras residencias en el exterior. Esta situación era posible con la anuencia de los bancos y las entidades de crédito, que daban préstamos fáciles por el valor de hasta un 120% sobre el precio de la vivienda. Y la sombra seguía creciendo a la vera de una desregulación obvia pero interesada, y una falta de supervisión del triangulo místico que formaban los constructores, los banqueros y los políticos.

La crisis internacional sorprendió a Irlanda

Si de boxeo se tratase, podría decirse que Irlanda fue noqueada por sorpresa, un golpe duro y directo que no dejó oportunidad a la réplica, pero que no tendría porqué haber significado la derrota. La crisis financiera internacional provocó en Irlanda una caída media de los precios del 36%, aunque en sectores concretos se llegaron a registrar bajadas superiores al 50%. La caída libre de la construcción reventó la resistencia del resto de sectores, dejando la totalidad de la economía hecha unos zorros.

En el momento de mayor incertidumbre de la crisis, cuando Estados Unidos y la Unión Europea parecían zozobrar sin rumbo en mitad del caos generalizado de las bolsas de todo el mundo, el gobierno irlandés salió a la palestra con un plan para frenar el desastre de la banca, presionado por las autoridades europeas al borde de la histeria. Se realizó una ingente inversión pública para garantizar los depósitos y las deudas de bancos y entidades de créditos irlandesas.

Suecia frenó los bienes tóxicos que habían contaminado su economía mediante esta misma maniobra, aunque los irlandeses no tuvieron tanta suerte, y la crisis continuó golpeando sin piedad, empujando al país cada vez más contra las cuerdas, y dejándolo apenas sin resuello. Y la comunidad internacional entera estaba mirando el combate, estudiando la estrategia a seguir, o a evitar. El horror al conocer el auténtico resultado vino después: una vez acabado el combate, en el vestuario, en el tiempo de reflexión, al darse cuenta los especialistas que lo que se creía una solución no había hecho sino agravar el problema: la deuda de los bancos irlandeses se había convertido en deuda pública, es decir de todos los irlandeses, y la único solución en el horizonte era otra receta de austeridad. “Si no querías sopa, toma dos tazas” decía el proverbio castizo. El problema está en que nadie sabe si la sopa va a ser capaz de curar el grave catarro que aqueja a los irlandeses.

¿Y ahora qué le espera a Irlanda?

Ahora queda el plan de rescate financiero propuesto por el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea, valorado en casi 85.000 millones de euros. Todavía no se ha hecho público a cuánto ascenderá la tasa de interés a pagar por Irlanda, la RTE (Radio Televisión Pública) deslizó la posibilidad de un 6,7%, mientras el Irish Times (diario cercano al gobierno irlandés) la rebajaba hasta el 5,5%. De todas formas, ambas especulaciones sobrepasan el interés exigido a Grecia por el prestamos concedidos harás unos meses, que ascendía al 5,2%.

El plan previsto por el ejecutivo irlandés prevé ahorrar 15.000 millones de euros en 4 años, fundamentalmente llevando a cabo un recorte generalizado de todo el estado del bienestar: elimina 25.000 puestos de trabajo públicos -un 7% del total-, recorta los sueldos de los funcionarios, baja el salario mínimo, así como las pensiones. Aumenta la regulación bancaria y los impuestos (el IVA asciende al 23% hasta 2014): menos bancos, más pequeños y supervisados de cerca por autoridades extranjeras (bajo supervisión del FMI y la UE).

Lo único que se ‘libra’ de esta política de recortes es el Impuesto de Sociedades irlandés, motivo por el cual tantas multinacionales han aterrizado en irlanda durante los últimos 20 años, una decisión basada más bien en el miedo, al temor de una huída generalizada de empresas extranjeras.

A día de hoy, la deuda externa irlandesa, era diez veces el PIB; su renta per cápita, mayor incluso que la alemana; casi la mitad de los irlandeses no pagaba el impuesto sobre la renta; era el país miembro de la Unión Europea donde las empresas pagaban menos impuestos y la presión fiscal era de las más bajas de la eurozona. A partir de ahora, la Isla Esmeralda va a sufrir una súbita transformación en su regulación interna y externa, el pato lo van a pagar todos sus ciudadanos, quienes sostendrán con su esfuerzo futuro la ayuda que se ha cobrado la banca, que eso vaya a solucionar los gravísimos problemas que acucian al país esta por ver.

Los estudiantes irlandeses toman el centro de Dublín

Esta mañana ha tenido lugar en pleno centro de Dublín una manifestación de estudiantes universitarios llegados de todos los rincones de Irlanda. El seguimiento, un éxito para los organizadores, La Unión de Estudiantes en Irlanda (Union of Students in Irland), según diversas fuentes se cifraría en una orquilla que iría desde los 25 mil asistentes hasta los 40 mil.

TrinintyCollege2noviembre2010La concentración empezó a las 12 de la mañana en Parnell Square, una céntrica avenida de la capital irlandesa y se desarrolló durante cerca de tres horas deambulando por calles adyacentes. Los manifestantes se movieron en un mar de lemas y consignas en contra de la subida de las tasas universitarias prevista en los presupuestos del próximo año, a día de hoy todavía no aprobados. Pancartas, cantos y camisetas rechazando la privatización progresiva de la enseñanza universitaria fueron el estandarte visible de una gigantesca serpiente amarilla que se movió por el centro de Dublín durante todo el mediodía.

Los planes del gobierno irlandés parecen chocar frontalmente con las esperanzas de La Unión de Estudiantes en Irlanda: si actualmente la tasa universitaria anual asciende a 1,500 euros, los universitarios irlandeses van a verse obligados a satisfacer una tasa de matriculación de 2,500 euros anuales, mil euros más que este año, siempre y cuando el gobierno siga con sus planes para dotar a la cartera de educación de una mayor autofinanciación. Además tendrán que pagar 500 euros suplementarios una vez hayan acabado sus estudios y quieran obtener el certificado oficial atestiguándolo. Los recortes afectarían severamente a 70,000 estudiantes de todo el país, lo que supone casi un tercio del total de los universitarios de Irlanda (alrededor de 250,000), lo que a su vez podría suponer, en muchos casos, el abandono de sus estudios actuales o la imposibilidad de ingresar en la universidad pública en el futuro cercano. El lema de la manifestación, “educación, no emigración” (“Education, Not Emigration”), pone de relieve un posible escenario crítico para el país: el que muchos estudiantes irlandeses se vean en la vicisitud de emigrar al extranjero para poder estudiar.

Acto seguido a la finalización de la marcha protesta, un grupo de 2,000 personas se reunieron en frente del ministerio de economía (Deparment of Finance) y lanzaron ladrillos, huevos y pancartas, acusando a los políticos de pagar la deuda de los bancos hipotecando la educación de los ciudadanos. Alrededor de una veintena consiguieron acceder al interior del edificio, para posteriormente ser reducidas y detenidas por la policia.